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Vocera de la ultraderecha culpa a Marisela Escobedo del feminicidio de su hija Rubí

Eligió reprochar a la madre asesinada en lugar de exigir a las autoridades que fallaron. “Lo que usted hace tiene nombre técnico: revictimización”: CEDEHM.

Texto: De la Redacción
julio 15, 2026
en Poder
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Vocera de la ultraderecha culpa a Marisela Escobedo del feminicidio de su hija Rubí
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El Centro de Derechos Humanos de las Mujeres, a través de una carta pública elaborada junto con madres de personas desaparecidas y familiares de víctimas de feminicidio, respondió a las declaraciones de la abogada Ruth Sánchez Hernández sobre Marisela Escobedo Ortiz.

  • Sánchez Hernández se presenta como Coordinadora Estatal de Iniciativa Ciudadana por la Vida y la Familia en Chihuahua, así como vocera de la Iglesia Palabra Viva.
  • Sánchez Hernández dijo que le “revienta” ver la placa que honra a Marisela Escobedo Ortiz en la entrada de Palacio de Gobierno.
  • Escobedo Ortiz fue asesinada en diciembre de 2010, cuando César Duarte era gobernador, en la entrada Palacio de Gobierno mientras exigía justicia por el feminicidio de su hija Rubí Marisol Frayre.
  • Sánchez Hernández dijo que Escobedo Ortiz “permitió” lo que le ocurrió a su hija, que debió tener el “coraje” de arrancarla de su agresor y que es “una vergüenza” que marchara por su hija muerta en lugar de haberla salvado.
  • “Qué vergüenza convertir el dolor de una madre asesinada en un reproche contra ella. La vergüenza, señora Sánchez, no es de Marisela. Es de usted”, respondió el CEDEHM.
  • “Tuvo un micrófono y una audiencia, y eligió reprochar a la madre asesinada en lugar de exigir a las autoridades que fallaron”.
  • “Y desconoce —o calla— que era el Estado quien debía prevenir, proteger e investigar. Lo que usted hace desde ese micrófono tiene nombre técnico: revictimización. Es el daño que se añade a la víctima cuando, sobre su dolor, se le deposita la culpa. Usted no lo denuncia: lo practica”, expuso la organización.
  • Sánchez Hernández es una aliada y vocera de la ultraderecha panista en Chihuahua.
  • El 20 de abril de 2022, el alcalde Marco Antonio Bonilla la nombró integrante del Consejo Consultivo de Perspectiva Familiar.
  • En 2023 fue una de las organizadoras de las marchas para oponerse a la distribución de los nuevos libros de texto gratuitos de la SEP, por considerar que promovían una hipersexualización.
  • La siguiente es la Carta pública del CEDEHM:

Carta pública en respuesta a las declaraciones de Ruth Sánchez sobre Marisela Escobedo Ortiz

Chihuahua, Chihuahua, a 15 de julio de 2026

A Ruth Sánchez

Coordinadora Estatal de Iniciativa Ciudadana por la Vida y la Familia en Chihuahua

A la opinión pública

Señora Sánchez:

Somos madres. De hijas e hijos desaparecidos a quienes seguimos buscando. De mujeres asesinadas cuyos feminicidios siguen impunes. De niñas, niños y adolescentes violentados sexualmente. Le escribimos porque sus palabras sobre Marisela Escobedo Ortiz no hablan solo de ella: nos nombran a todas.

Usted afirmó, ante una cámara, que le “revienta” ver la placa que honra a Marisela frente al Palacio de Gobierno. Que ella “permitió” lo que le ocurrió a su hija. Que debió tener el «coraje» de arrancarla de su agresor. Y que es “una vergüenza” que marchara por su hija muerta en lugar de haberla salvado.

Habla usted con la arrogancia de quien ignora. Sus juicios reproducen prejuicios que la literatura especializada sobre violencia lleva décadas desmontando. Son intelectualmente insostenibles a la luz de todo lo que hoy se sabe sobre las dinámicas de violencia, coerción y revictimización. Reflejan un desconocimiento alarmante de cómo operan, en la vida real, las relaciones de control y de violencia. Y parten de una premisa falsa: que una madre ejerce control absoluto sobre las decisiones de una hija, y que la responsabilidad de un crimen puede repartirse entre quien lo comete y quien no logró impedirlo.

No. La responsabilidad de un feminicidio, de una desaparición o de la violencia, es de quien la ejerce, y del Estado que no lo evitó.

Se siente con la superioridad para emitir un juicio, pero su razonamiento es pobre y tramposo: opina desde el desenlace ya conocido e insinúa que Marisela pudo prever el crimen y no quiso evitarlo. Y le impone un deber imposible. Cuando exige “coraje”, “arrebatar”, “meter las manos”, ¿qué propone en concreto? La única forma de arrancar a una adolescente de una relación habría sido encerrarla, privarla de su libertad, someterla: cometer contra la propia hija los delitos que reprochamos a los agresores.

¿Eso es lo correcto para su moral?

Usted se asume más capaz, más lúcida y más valiente que las madres a las que juzga. Si de verdad posee ese saber que usted sostiene que a nosotras nos faltó, díganos: ¿ofrece usted asesoría para evitar los feminicidios que ocurren cada día en este país? ¿O solo tiene reproches para las muertas y para quienes las lloramos?

Y no se escude en que “no exime al Estado”: tuvo un micrófono y una audiencia, y eligió reprochar a la madre asesinada en lugar de exigir a las autoridades que fallaron.

Usted es abogada, pero ignora lo primero que funda el derecho: que la responsabilidad es personal e intransferible. Recae en quien mata, no en quien no supo impedirlo. Y desconoce —o calla— que era el Estado quien debía prevenir, proteger e investigar. Lo que usted hace desde ese micrófono tiene nombre técnico: revictimización. Es el daño que se añade a la víctima cuando, sobre su dolor, se le deposita la culpa. Usted no lo denuncia: lo practica.

Usted se dice madre, pero habla de una maternidad que no existe: una en la que las hijas no tienen voluntad propia y una madre puede revertir sus decisiones sin violentarlas.

Usted se dice cristiana, vocera de la Iglesia Palabra Viva en Chihuahua pero tomó una piedra y la lanzó contra una madre muerta. Olvidó quién enseñó que la arrojara solo quien esté libre de culpa, y de qué lado estuvo Él siempre: del que sufre, nunca del que acusa. Le vendría bien un poco de humildad: no opinar de lo que ignora, no juzgar desde el privilegio y no hacer más daño a quien ya lo carga.

Sus palabras no son una opinión más. Son peligrosas para la sociedad.

Una postura como la suya es la misma de los agresores y de quienes perpetúan la violencia: se justifica en que la víctima, de alguna forma, lo merece. Y de paso, blinda a las estructuras que garantizan la impunidad.

Desde ninguna teoría ni desde ninguna experiencia esto contribuye a alcanzar la paz que usted dice defender; al contrario, la vuelve imposible y eso no es lo que México, ni las familias necesitamos.

Ya que usted invocó la vergüenza, hablemos de ella.

Qué vergüenza convertir el dolor de una madre asesinada en un reproche contra ella.

Qué vergüenza hablar con tanta certeza sobre aquello que evidentemente desconoce.

Qué vergüenza utilizar un micrófono para contribuir a una cultura que sigue preguntando qué hizo mal la víctima antes de preguntarse por qué un hombre decidió matar.

La vergüenza, señora Sánchez, no es de Marisela. Es de usted.

Marisela Escobedo no le falló a su hija

Le falló el feminicida.

Le falló el sistema de justicia.

Le falló un Estado incapaz de protegerla incluso cuando ella arriesgó todo para exigir justicia.

Y hoy, lamentablemente, también le fallan quienes, en lugar de honrar su memoria, prefieren convertirla en objeto de reproche.

Nosotras no vamos a guardar silencio. Porque cuando se culpa a una madre por el crimen cometido contra su hija, se nos culpa a todas.

Atentamente,

Madres de personas desaparecidas, familiares de mujeres víctimas de feminicidio y de niñas,

niños y adolescentes víctimas de violencia sexual acompañadas por el Centro de Derechos

Humanos de las Mujeres (CEDEHM).


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